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El Robo del Cerebro de Albert Einstein: La Historia Detrás del Genio

Cuando Albert Einstein falleció el 18 de abril de 1955 a los 76 años, dejó un legado inmortal en la ciencia. Sin embargo, lo que pocos saben es que su cerebro fue robado y convertido en objeto de estudio sin el consentimiento de su familia.

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Por: Jhon Morocho        11 de febrero 2025 a las 14:00 hrs.

El robo del cerebro

Cuando en la madrugada del 18 de abril de 1955 fallecía Albert Einstein, el creador de la teoría de la relatividad, debido a un aneurisma aórtico, Thomas Harvey, el patólogo de guardia encargado de realizar la autopsia al cadáver del científico, también pasaría a la historia. Pero no por realizar el examen forense, sino nada más y nada menos que por convertirse en el ladrón del cerebro más privilegiado de la historia, un hecho que a día de hoy sigue estando envuelto en una gran controversia.

Tras su muerte en el Hospital de Princeton, el patólogo Thomas Stoltz Harvey fue el encargado de realizar la autopsia. Sin autorización previa, extrajo el cerebro de Einstein con la intención de estudiarlo en busca de secretos sobre su genialidad. También retiró sus ojos y los entregó al oftalmólogo de Einstein, Henry Abrams.

Cuando la familia de Einstein descubrió lo sucedido, el hijo del científico, Hans Albert, permitió que el cerebro se utilizara con fines científicos, pero condenó el modo en que se había obtenido.

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¿Harvey loco o bromista?

Cuando el Hospital de Princeton se enteró de que el patólogo se había quedado con un órgano humano de forma irregular, lo despidió en el acto, pero Harvey, que había sido contratado por la Universidad de Pennsylvania, se llevó consigo el cerebro y lo diseccionó en 240 trozos que conservó en celoidina, una forma dura y elástica de celulosa. Posteriormente creó doce juegos de 200 diapositivas que contenían muestras del tejido cerebral del genio y se las envió a algunos investigadores. Luego dividió las piezas en dos recipientes con alcohol y se las llevó a su casa para esconderlas en el sótano.

Harvey contactó con varios neurólogos de todo el país ofreciéndoles examinar el cerebro de Einstein, pero increíblemente nadie aceptó. La mayoría pensó que Harvey era un lunático o que les estaba gastando una broma pesada. A partir de aquel momento, la vida de Harvey tocó fondo. Su mujer lo acusó de obsesionarse con el cerebro y acabó por abandonarlo dejándolo solo y en la ruina más absoluta.

La búsqueda de la inteligencia en el cerebro de Einstein

Durante décadas, fragmentos del cerebro fueron enviados a distintos laboratorios para su análisis. Algunos estudios encontraron diferencias en la estructura del cerebro de Einstein:

  • Se observó un mayor número de células gliales, responsables de la conexión entre neuronas.

  • Su corteza prefrontal, relacionada con la planificación y el pensamiento abstracto, era más desarrollada.

  • Se descubrió una disposición única de los surcos y pliegues en el lóbulo parietal, zona asociada al razonamiento matemático y espacial.

Sin embargo, no hay evidencia definitiva de que estas diferencias sean la clave de su genialidad.

El renacer de una historia

Harvey comenzó un increíble viaje a través del paístransportando pequeñas muestras del cerebro de Einstein en el maletero de su coche. Como ha contado en más de una entrevista, el ejército estadounidense se puso en contacto con él para hacerse con el cerebro porque al gobierno le preocupaba que la codiciada pieza terminara en manos de los soviéticos, aunque Harvey desoyó la oferta.

En 1978 el periodista Steven Levy, del New Jersey Monthly, logró que Harvey le concediese una entrevista. Ya que Harvey trabajaba como supervisor médico en un laboratorio de pruebas biológicas, y cuando le preguntó si aún tenía el cerebro de Einstein contestó afirmativamente. Contó que lo tenía guardado en su casa, en una caja de sidra que escondía debajo de un enfriador de cerveza.

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La entrevista que Steven Levy le hizo a Harvey se publicó bajo el sugerente título "Yo encontré el cerebro de Einstein", y su repercusión fue tal que fue leída por algunos prestigiosos científicos de la Universidad de Berkeley, entre ellos la neuróloga Marian Diamond. La doctora Diamond se puso en contacto con Harvey para pedirle un fragmento de aquel cerebro que tan celosamente guardaba. Diamond analizó la muestra y en 1985 publicó un estudio en el que sostenía que el cerebro de Einstein tenía más células gliales (cuya función principal es dar soporte a las neuronas) por neurona que una persona normal.

El ejército de Estados Unidos se puso en contacto con Harvey para quedarse con el cerebro porque el gobierno temía que la codiciada pieza terminara en manos soviéticas. Tras publicarse la historia de Harvey en la revista Science, empezaron a llegarle solicitudes por parte de muchos investigadores para que les enviara pequeñas muestras del cerebro de Einstein (muestras que Harvey cortaba con un cuchillo de cocina que sólo usaba para ese fin).

Después, el patólogo enviaba las muestras por correo postal en un frasco de una marca de mayonesa que ingería de manera compulsiva. Años después, la cadena BBC emitió un documental sobre la vida del ya octogenario Harvey, donde se le veía deambulando por el sótano de su casa con un frasco de mayonesa en la mano y cortando una pieza del cerebro de Einstein en una tabla de quesos con su cuchillo de cocina "especial".

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¿Qué hace tan especial al cerebro de Einstein? 

En el año 2013, un estudio neurológico del órgano pareció encontrar el secreto. Unas conexiones nerviosas inusualmente buenas. Básicamente se trataba del núcleo central de las conexiones que enlaza un hemisferio cerebral con el otro. Este enlace nervioso transmite la información necesaria para la coordinación motora, pero también está involucrado en los procesos cognitivos.

Los últimos trozos que Thomas Harvey conservaba del cerebro de Einstein fueron a parar a sus herederos, que tres años después los donaron al Museo Nacional de Salud y Medicina del Ejército de Estados Unidos.

El caso del cerebro de Einstein sigue siendo un misterio y una controversia ética. Aunque se ha intentado descifrar los secretos de su genialidad, su verdadero legado reside en su trabajo, no en su anatomía.

Irónicamente, Einstein había expresado su deseo de ser cremado para evitar la idolatría de su cuerpo. A pesar de ello, su cerebro terminó siendo estudiado y repartido, convirtiéndose en una de las historias más extrañas de la ciencia.

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